lunes, 8 de octubre de 2018

EL PROFETA QUE HABRÍA DE VENIR....

...POR EL HERMANO: FRANCISCO CLARES BARRANCO:
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¿ES JESÚS EL PROFETA QUE HABÍA DE VENIR AL MUNDO?
Profeta (Diccionario Bíblico)
Un profeta es básicamente un vocero de Dios, un mediador entre Dios y los hombres que les comunica a estos la palabra de Dios, que ha recibido directamente de Él. Cuando un profeta habla en calidad de tal, es inspirado por el Espíritu Santo (2ª Pedro 1:19-21) y por tanto libre de todo error.
No obstante, el profeta no es una marioneta ni un simple repetidor de lo que ha recibido. Por el contrario, retiene su propia voluntad, inteligencia y pensamientos mientras comunica fielmente lo que Dios quiere decir. Dios pone palabras en boca de los profetas (Deuteronomio 18:18; Jeremías 1:9). Un profeta es un siervo de Dios (Zacarías 1:6) y Su mensajero (2ª Crónicas 36:15). Las profecías pueden clasificarse en tres categorías: concernientes al destino de Israel y de las naciones paganas, a Cristo (mesiánicas) y al fin de los tiempos (escatológicas). Otra forma de verlas es en relación al tiempo. Algunas profecías se refieren a la interpretación divina de hechos pasados, otras a la situación entonces presente, y otras al futuro; sólo estas últimas son predictivas. El cumplimiento de las profecías del A.T. en Cristo es una de las evidencias más fuertes a favor de la autoridad e inspiración divinas de la Biblia. La expresión "La Ley y los profetas" se refiere a los escritos del A.T. divididos en dos categorías. La Ley es el Pentateuco, y los Profetas el resto de las Escrituras. Más frecuente, y vigente hasta hoy en la Biblia hebrea (el A.T.) es una división triple: La Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos (Lucas 24:44). En tal caso, los "Profetas" incluyen los libros históricos y los libros proféticos, y los "Salmos" comprenden no sólo el libro de este nombre, sino también otros libros poéticos y sapienciales (Job, Proverbios, Eclesiastés y Cantares).
Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo (Juan 6:14)
(Deuteronomio 18:15-19) “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”
¡Está claro, que en Juan 6:14, identificaban a Jesús con “el profeta” que había de venir!
En la entrada triunfal en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: “Quién es éste? Y la gente decía: “Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.” (Mateo 21:10-11)
Cuando Jesús expone “la parábola de los labradores malvados”, los principales sacerdotes y los fariseos se dieron por aludidos y queriendo echarle mano no se atrevieron, porque temían al pueblo, “porque éste le tenía por profeta.” (Mateo 21:46)
Cuando Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín, la gente de la ciudad que iban al entierro, tuvo miedo y glorificando a Dios, dijeron: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.” (Lucas 7:16)
La mujer samaritana, y sorprendida al observar, como el Señor Jesús conocía cosas íntimas de su vida, con profunda reverencia, le dijo: “Señor, me parece que tú eres profeta” (Juan 4:19).
Aquella gente, que fue testigo de como con cinco panes y dos peces, comieron cinco mil y sobraron doce cestas de pedazos de pan, que de los cinco panes de cebada sobraron, dijeron: “Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” (Juan 6:14)
Esteban y en su defensa antes del martirio, vincula a Jesús con el sujeto de las palabras que pronunció Moisés en Deuteronomio 18:15: “Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis.” (Hechos 7:37)
La pregunta es:
¿Dijo o reconoció Jesús, que él era un profeta?
¡Clara y explícitamente nunca lo dijo; pero en algunas ocasiones, parece darlo a entender!
Estando Jesús en su pueblo Nazaret, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: “No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa” (Mateo 13:57). Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.
(Lucas 13:33-35) “Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.”
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